Una ara.

Define el diccionario, entre otros significados, ara en el culto católico, como losa o piedra consagrada, que suele contener reliquias de algún santo, sobre la cual extendía el sacerdote los corporales para celebrar la misa; también se acepta un uso general, al tomar la parte por el todo, que el ara es el altar o mesa consagrada.
La fotografía muestra el ara sobre la que vamos a hablar:
Se trata de una piedra casi cúbica labrada bastamente en forma de pía(pila) con la siguientes proporciones.
Dimensiones: 26x18x15cm
Oquedad: 15x11x6cm
Material: piedra granítica
Peso: aprox. 15 kg
Datación: indeterminada entre el siglo XII y año de 1700.
Su uso era para contener las reliquias del santo sobre el que se erigía la advocación de una iglesia cristiana, depositados bajo la piedra del altar central donde se ofrecía el santo sacrificio de la eucaristía.

Como apareció:
Hacía la función de bebedero en un corral de gallinas en una vieja casa priorato de la orden benedictina, transformada en casa rectoral después de las desamortizaciones del siglo XIX.
Me llamó la atención su tamaño y labra del cenicero central, y por el viejo uso que había tenido el edificio sospeché sobre su origen, lo rescaté para colocarlo en lugar noble y más digno del que tenía en ese momento, estimando que el objeto en esos momentos ya estaba desacralizado. Consultado al párroco del lugar me confirmó tal punto explicándome que con motivo de la nueva liturgia implantada por el Concilio Vaticano II (1962-65), se reformaron los altares de las iglesias, cuando se pasó de celebrar el sacerdote la misa de espaldas a los fieles a celebrarla ante una mesa puesta en medio del presbiterio. Con este nuevo diseño no todos los altares soportaban tal tamaño de “pedruscos” y en muchos casos se optó por introducir la reliquia en una caja más pequeña tapada con una losa sobre la mesa del nuevo altar. Algo que fue muy frecuente en muchas pequeñas iglesias parroquiales de las aldeas de la Ribeira Sacra.
Esta pieza en concreto tuvo una historia peculiar, pues al remover el viejo altar y aparecer la piedra del ara, alguno de los presentes aprovechó, la confianza de los demás para “distraerla”, pensando, por su gran ignorancia, que dentro podía contener el famoso tesoro de los “mouros” o algo similar. Debió llevarse gran decepción al ver que lo único que contenía era tierra o polvo. Ello le impulsó a su arrepentimiento y devolución de la pieza al párroco una vez defraudada su codicia. La urna ya desacralizada quedó arrinconada en algún lugar de la vieja rectoral, donde no molestase mucho, hasta que alguien la vio y por su parecido a una pía, se decidió inocentemente por darle un nuevo uso: la colocó en el gallinero donde muchos años más tarde la encontré.

Historia:
La colocación de la piedra fundacional, ahora llamada la primera piedra, de un edificio se hacía con gran ceremonia por parte de sus futuros ocupantes. Esta fundación de la casa familiar o solariega, los pueblos primitivos la asentaban sobre los huesos o la sangre vertida en el sacrificio del primogénito, o con los restos de un antepasado glorioso. Con el tiempo este rito fue sustituido por verter la sangre de un animal, o depositar armas o distintivos de la familia o de la tribu. Hoy en día esa vieja tradición de poner la primera piedra, o al menos lo que resta de ella, se ha quedado en colocar unas monedas, una placa o algún documento que haga referencia a tal construcción, con la fecha, los motivos y los nombres de los patrocinadores del edificio.

A la vista de estas costumbres, podíamos pensar que la primitiva Iglesia mantenía este ritual en la erección de un templo siguiendo esa antigua tradición de colocar la primera piedra de un edificio sobre algo simbólico de la tribu como un fundamento sólido y de buen augur para la duración y buen fin de la construcción. Pero si las causas, digamos, mitológicas pudieran ser las que hemos dicho de un sacrificio ritual a los dioses del lugar o de la tribu, la arqueología litúrgica nos habla de otro significado más profundo a partir de una tradición que se fue consolidando hasta hacerlo extensiva a todas las iglesias del orbe católico. Es decir la tradición de celebrar la asamblea de los fieles –recordad que iglesia viene del griego ἐκκλησία, ecclesia que significa asamblea- sobre las reliquias de los santos.
La cosa empezó cuando comenzaron a tener problemas los hermanos de las primeras comunidades cristianas para celebrar sus reuniones donde compartir la Palabra y la Cena de Acción de Gracias, entonces hubieron de esconderse en las catacumbas, o en cuevas o lugares apartados para celebrar sus cultos y enterrar a sus muertos. En esos lugares la mesa para celebrar la misa solía ser un sarcófago, un túmulo funerario o el arcosolio de un nicho, únicos elementos que había en tales sitios secretos. En el Museo Arqueológico de Cartagena, edificado sobre una necrópolis paleocristiana, el visitante puede ver las antiguas tumbas algunas de ellas preparadas para la celebración litúrgica o incluso tener una comida o un ágape familiar sobre la sepultura de un pariente o amigo. Se hace evidente que existía una común-unión entre los vivos y los muertos; si se cree en la resurrección eso tiene un gran significado que se va haciendo cuerpo en la doctrina que se imparte a los nuevos catecúmenos: todos son miembros de la Iglesia, todos los fieles son piedras sillares del templo espiritual que se está constituyendo. Las reliquias, es decir los restos de esos hermanos muertos, tienen un gran valor para la comunidad, máxime si el difunto ha llevado una vida ejemplar, o la más alta consideración si ha sido mártir por la causa de Jesucristo.
En el siglo IV, cuando las cosas cambian con los edictos de Constantino o de Teodosio a favor de los cristianos, al pasar a ocupar para el culto católico las basílicas y templos paganos, ya no se puede tener a todos los muertos alrededor como ocurría antes en la iglesia oculta, así que se traen los restos de uno, el más significativo de aquella comunidad, los cuales se colocan en su urna justo bajo la mesa donde se va a celebrar la misa como lo habían hecho hasta entonces. Además, los fieles que se van muriendo, ahora quieren ser enterrados cerca del altar para seguir en comunión con los fieles vivos. Pues la Iglesia les ha ido enseñando que el hombre se compone de un cuerpo con vida e inteligencia mortal y un alma inmortal. Por tanto unos y otros pueden participar, aunque de forma distinta, del misterio de compartir la presencia de la divinidad.
El II Concilio de Nicea, el de la cuestión iconoclasta, del año 787, ya declara que todas las iglesias que se edifiquen en el momento de su consagración el obispo debe poner unas reliquias santas bajo la losa del altar central, preferentemente las del santo al que se pone bajo su advocación la nueva iglesia. Esto va a traer una fuerte demanda de reliquias y por consiguiente un importante comercio con ellas.
Los siglos IX y X son muy provechosos para esta actividad religioso-lucrativa, ya que las cruzadas y el saqueo de numerosas iglesias orientales y la llegada a Tierra Santa, va a dar pie a interesantes adquisiciones, entre ellas las más famosas Vera Cruces que empiezan a invadir occidente, clavos de Cristo, lanzas de Longinos y una ingente cantidad de objetos y restos que llegan a convertirse en el descrédito de tan pía tradición y significado, al presentar como reliquias objetos tales como: Leche de la Virgen, el prepucio de Cristo, o la muela de santa Apolonia. La Reforma de Lutero, Calvino y otros protestantes pondrán en entredicho tanta falsedad y tal pérdida de significado, rechazando la costumbre y el uso de las reliquias como incitación al paganismo y la idolatría. Por su parte, la Contrarreforma de Trento (1525-63) pondrá orden en todo esto, o al menos trató de hacerlo, constituyendo las credenciales para certificar la autenticidad de tal reliquia, o considerando reliquias de primera: aquellas que son parte del cuerpo del santo; las de segunda que son los objetos que han pertenecido a esa persona como ropas, rosarios, misales, los instrumentos de su tortura; y por último las de tercera que son aquellos objetos que han estado en contacto con el santo, como la tierra de su sepultura, la casa donde vivió, o el altar sobre el que decía misa. En este sentido no se descarta que toda la tierra del antiguo Israel sea susceptible de ser Santa, incluidas las aguas del rio Jordán, o los olivos de Huerto de los Olivos donde la Tradición coloca a Jesucristo orando.
Así que la muestra de reliquias va desde un humilde puñado de tierra traída de un lugar santo sobre la cual se celebrará la misa en una humilde parroquia, hasta los propios restos del apóstol Pedro, bajo el lujoso baldaquín de Bernini en la iglesia de San Pedro de Roma.
Las reliquias se convertirán en un atractivo para atraer peregrinos, lo que representa fieles y por tanto ingresos y donativos. Santiago de Galicia será uno de estos puntos de atracción en busca de unas santas reliquias sobre las que se edifica una iglesia, una ciudad y un camino universal. Muchos conventos, iglesias, catedrales ansían tener una pieza de reliquia que llame la atención, poseerla es la clave del prestigio de un lugar. Con esto comienza el espectáculo y la carrera por hacerse con reliquias de todo tipo y jaez, papas, cardenales, reyes, señores y todo aquel que pueda se lanza a conseguir su resto santo. La afición o deseo de estas piezas va mover entre el siglo X y el XVIII una de las inversiones más lucrativas: entendiendo por lucrativa en su doble ganancia: para unas bienintencionadas y piadosas personas tener en su poder reliquias les daba garantía de salvación a través de la capacidad de mediación del santo despojado, y para otras como vendedores, traficantes y artesanos capaces de construir relicarios- joya de todo tipo con riquísimos materiales por los cuales obtenían un claro beneficio económico. No hay nada como acudir al museo de Arte Sacro de las Madres Clarisas de Monforte para descubrir en la colección de reliquias de don Pedro Fernández de Castro y doña Catalina de Zuñiga, VII condes de Lemos, cuanto de cierto hay en esto que digo, por tratarse de una de las mejores colecciones de reliquias de la Europa Católica. Cualquiera puede comprobar in situ las maravillas artísticas en las que se decoraban estos restos sacros: relicarios, portapaces, bustos, sagrarios, urnas, arcas, joyeros donde primorosamente se ocultan un sin número de restos óseos, mechones de cabellos, trozos de tela y un largo etcétera de singulares piezas. 
El objeto de nuestro estudio de hoy, una sencilla ara de piedra, no es más que una minucia en ese mundo de lo sagrado que acabó profano en manos de ávidos coleccionistas. Todo un muestrario de cenizas y restos macabros de una religiosidad desviada, más cerca del fetichismo y no exenta de una cierta necrofagia. Una desviación casi patológica por su desmesura, tan ajena a aquel sentido de lo santo donde vivos y muertos compartían la esperanza de una resurrección de sus cuerpos al final de los tiempos. Presumo que era porque aquellos primeros cristianos tenían una profunda creencia en el alma inmortal, algo que en estos tiempos se diluye, en un extraño palimpsesto de inteligencia, psique y espíritu combinados con algunos elementos químicos. Por eso si en estos tiempos alguien está bajo de ánimo-ánima, algo depresivo, se le da “prozac”, o sodio, o potasio y “tira palante”, y a vivir que son dos días. Porque…. Pienso que como cada vez creemos menos en el alma el mundo se nos está llenando de desalmados. 
Francisco de Guyande, 2014.

Poda tipo Amandi (parte 2)

Javier Vivirido volve falarnos do noso peculiar xeito de podar.
O primeiro artigo sobre a poda tipo Amandi podédelo ver aquí. 
Se lembrades, o ano pasado falamos dun tipo de poda diferente, característica da ribeira do Sil, tanto da subzona de Amandi coma da ribeira de enfronte, Barxacoba, Sacardebois (Concello de Parada de Sil), Cristosende (A Teixeira), por citar algunhas. Despois de falar desta poda, viticultores de outros concellos e subzonas faláronme que tamén se facían por alí hai anos. En concreto, en Vilachá do Salvadur, Abeleda e ribeira de Alais. Esto indica claramente os numerosos contactos, a pesares de que o río Sil facía ás veces de barreira entre estas dúas ribeiras. Queda claro a gran labor de comunicación que fixeron os barqueiros, tanto de Gudín, como Portabrosmos. Dou por suposto que os “caldelaos” aprenderon como non… dos de Amandi.
Poda en vaso.
Poda tipo Amandi.
Anteriormente, falamos que este tipo de poda era una variante da poda en vaso, no que se deixaba unha vara nun brazo da cepa. E, como curiosidade, que se deixaba a vara antes que o cotón, ao revés da variante francesa “guyot”.
 

“Guyot”

Poda “Amandi”
Tamén era preciso, “rotar” cada ano o brazo no que se deixa esa vara. Desta maneira non debilitamos unha parte da cepa en concreto. Así, redistribuímos a savia e vigorizamos o brazo que leva esa vara.
Detalle poda “Amandi” tradicional.
Ademais destas peculiaridades, neste tipo de poda había unha variante na cal os viticultores non ataban a vara nunha estaca. Simplemente, collían a punta da vara sen despuntar e a metían dentro da parede da mura cunha barra. Na fotografía seguinte, pódese ver como mete a vara cun pao de ferro co fin de levantar a pedra para que a aprete. É máis, había viticultores que deixaban o pao de ferro todo o ano na viña, xa que era una ferramenta imprescindible na ata.
Neste método non importaba o número de ollos ou xemas que se deixaban. Collíase toda a vara co único requisito de retorcela cara fóra. Metían a vara cos gromos dentro da parede-mura deixando que secaran polo afogamento da vara pola pedra, e pola falta de luz. A vara neste sistema podía levar ata 20 ollos. Esta claro que só se pode facer en determinadas cepas vigorosas.
Pero algúns despuntaban deixando de 9 a 12 ollos. O lóxico era cortar polo menos 3 ollos da punta.
Este método tiña explicación racional para quen o practicaba; mesmo había ditos sobre este sistema. Algún son os seguintes:
– “A savia ten que tirar para adentro da cepa, como se abrazara ó podador” (Benigno d’As Pozas).
– Atando e podando desta maneira “a savia ten que volver á cepa, volve á viña. Circula cara dentro. Así envolves á cepa” (Benigmo d’As Pozas).
– “A vara do viño ten que mirar para o río” (Mariano do Neto de Vilachá do Salvadur).
As ventaxas deste tipo de formación é que os os gromos están orientados ao sul, onde o sol incide directamente, favorecendo a floración e o callado dos froitos.
Tamén na maduración o calor absorbido polas pedras é devolto aos racimos que están máis preto da mura, acelerando a maduración dos mesmos. Asimesmo, hai unha mellor distribución da ramaxe, incrementando a superficie foliar. Pódense ver todas estas vantaxes nas fotografías seguintes.

Todas estas fotos foron tiradas na subzona de Amandi, no lugar de Pena Escura, na zona de Coio Branco.
Toda esta sabedoría popular que vos describín, foi transmitida por un bo amigo dun amigo. Un dos derradeiros ribeiraos tradicionais. Este amigo segue podando, como lle dixo Benigno d’As Pozas. Segue e seguirá sendo un dos “últimos Mohicanos”.
Benigno d’As Pozas e o “Chulo”.

Asemblea Xeral anual: 25 de xaneiro de 2014

Convocatoria de ASEMLEA XERAL da Asociación Cultural O Colado do Vento para o sábado, 25 de xaneiro de 2014, ás 19:00 horas, na Biblioteca Pública Municipal de Sober.

ORDE DO DÍA

– Balance xeral do ano 2013.

– Estado de contas.

– Previsión de actividade para o ano 2014.

– Convenio de colaboración coa candidatura da Ribeira Sacra a Patrimonio da Humanidade.
– Varios.


* Posteriormente haberá unha cea, ás 21:30 h, en Sober, para a cal hai que anotarse previamente en coladodovento@gmail.comou no 636129233 (Alfonso).

Lasca paleolítica do Castelo, Neiras [entre 620.000 e 300.000 anos antes de hoxe].

– Obxecto: lasca paleolítica de cuarcita.
– Posíbel datación: Paleolítico Inferior, industrias achelenses do Pleistoceno Medio (620.000 – 300.000 anos antes do presente).
– Localización: achado fortuíto de superficie no alto do Castelo na parroquia de Neiras (Sober-Lugo).

* Descrición do obxecto


A lasca que temos entre mans foi un achado fortuíto realizado no ano 2006 nun paseo polo altiño do Castelo, na parroquia de Neiras, na zona das Gandariñas de Arriba. 
Pica na imaxe para ampliar.
Foi Iván Álvarez Merayo, arqueólogo e socio do Colado, quen atopou a lasca no Castelo de Neiras nun paseo que fixemos a asociación para ver un altiño curioso que nos chamaba a atención.

Unha lasca é un fragmento lítico desprendido ao tallar un núcleo. As lascas teñen características específicas que permiten identificar a intencionalidade do ser humano na súa elaboración: punto de percusión, cara dorsal, cara ventral, talón, bulbo, ángulo de percusión, estrías… O obxecto lítico atopado no Castelo é indubidabelmente unha lasca. Presenta unha rotura nun extremo que é posterior ao momento da talla.

Lasca do Castelo: cara ventral.
Este obxecto lítico podería datarse pola súa tipoloxía entre as industrias achelenses (Modo 2) do Paleolítico Inferior no Pleistoceno Medio da Península Ibérica, elaboradas polas comunidades de Homo Heidelberguensis, especie humana dende a cal evoluciona a Neandertal en Europa. 
A lasca atopouse no altiño do Castelo, altiño entre as Gandariñas de Abaixo e as Gandariñas de Arriba, lugar este último no que a equipa de Arturo de Lombera localiza 15 artefactos tallados en cuarcita, cuarzo e sílex, adscritos ao Modo 2, aínda que con características peculiares que as poderían adscribir ao Modo 3 (Paleolítico Medio – Musteriense).

Así, atopámonos ante un dos escasos restos líticos desta etapa pretérita nas terras de Sober; neste caso, nunha parroquia enmarcada na depresión de Lemos, máis próxima ao val que á ribeira do Sil.

* Esta descrición foi feita a simple vista e de xeito amateur, estando pendente a Asociación O Colado do Vento de que profesionais da Arqueoloxía examinen a peza.

* Contexto físico e temporal

Altiño do Castelo dende a estrada Sober-Monforte.

– marco temporal: Paleolítico Inferior Clásico (entre 620.000 e 128.000 anos antes do presente).

– localización do achado: Altiño do Castelo, nas Gandariñas, parroquia de Neiras (Sober-Lugo). [O lugar está catalogado no PXOM de Sober como castro, moi desmantelado polas labouras agrícolas.]

É un lugar próximo a cursos de auga, ao carón do río Pousavedra, e un altiño dende o que se controla o territorio.
Os ríos son durante o Pleistoceno Medio vías de tránsito, lugares de abastecemento de auga e de material lítico para facer útiles (nas terrazas fluviais) e zonas de atracción de animais que poder cazar.
Descoñecemos a importancia que puidera ter tanto a recolección de vexetais coma a pesca nas comunidades humanas do Paleolítico Inferior europeo. As industrias líticas que chegaron ata nós, coma a lasca do Castelo, eran utilizadas para o despece de carne, a caza, o despelexo de animais ou o traballo da madeira.
As comunidades humanas que produciron as pezas líticas atopadas no entorno do Castelo vivirían do carroñeo e da caza, ben oportunista ou organizada, así como da recolección de produtos vexetais e, quizais, da pesca.
Non sabemos se o lugar onde apareceron as pezas foi o lugar onde vivía exactamente a comunidade pleistocena que as elaborou, nin sabemos se, de ser así, era este lugar un asentamento residencial ou un campamento loxístico para unha actividade concreta, como a caza ou a produción de útiles líticos.

* O Paleolítico en Galicia

O estudo da Paleolítico en Galicia, como a súa divulgación, foi escasa e discontinua. Nas últimas décadas, a investigación permitiu estabelecer a secuencia do poboamento paleolítico no noroeste da Península Ibérica.
O Val do Sil foi un dos eixos de comunicación do NW peninsular durante a Prehistoria, unha vía de entrada das comunidades humanas paleolíticas dende a Meseta.
Do Paleolítico Inferior, etapa á que pertence a lasca do Castelo, temos evidencias espalladas por todo o territorio galaico, preferentemente nos principais cursos fluviais e os seus afluentes.

* Síntese do estado do coñecemento do Paleolítico en Galicia en: FÁBREGAS et DE LOMBERA (2011): “A descoberta da presenza humana no noroeste”. En: A prehistoria de Lugo á luz das descobertas recentes. Actas do curso.

* As evidencias do paleolítico na comarca de Lemos

Ata finais do século XX, en toda a depresión de Lemos só se tiña constancia dun achado paleolítico, un bifaz de cuarcita atopado, precisamente, tamén en Sober, na parroquia de Vilaescura, a mediados do século XX. 
 
O val de Lemos converteuse dende 2006 nun lugar privilexiado para o estudo sistemático do Paleolítico en Galicia, cunha trintena xacementos ao aire libre, grazas á previa recopilación de achados fortuítos de José Antonio Peña, que puxeron sobre alerta á comunidade arqueolóxica.
Atopáronse centos de útiles líticos do Pleistoceno Medio e Superior, pertencentes aos modos tecnolóxicos coñecidos como Modo 2, 3 e 4, poñendo de manifesto a existencia dun importante poboamento durante todo Pleistoceno na comarca de Lemos.
A maioría dos conxuntos paleolíticos atopados no Val de Lemos encádranse no Modo 2 ou industrias achelenses, coma a lasca do Castelo.

* Unha síntese destes achados paleolíticos no Val de Lemos: FÁBREGAS, LOMBERTA ET ALII (2008): “NUEVOS YACIMIENTOS PALEOLÍTICOS EN LA DEPRESIÓN DE MONFORTE DE LEMOS (LUGO, GALICIA, ESPAÑA)”, na Revista GyC, descargábel aquí.

* A beleza do sinxelo, a importancia da lasca do Castelo

Coa lasca do Castelo temos nas mans un obxecto único, gardado por milleiros e milleiros de anos, que resistiu cambios climáticos e o paso do modo de vida paleolítico, de comunidades cazadoras-recolectoras, á neolitización, sendo removida do seu lugar orixinal, seguramente, polas labores agrícolas propias do lugar onde se atopou. É unha das poucas evidencias que nos quedan das comunidades humanas que hai medio millón de anos poboaron as terras da parroquia de Neiras.

Ata chegar ás técnicas líticas que se usaron para producir a lasca do Castelo, tiveron que pasar centos de milleiros de anos. A tecnoloxía humana foise desenvolvendo do máis sinxelo e multifuncional – un canto para abrir os ósos dos animais mortos polas feras para acceder ao miolo – ao complexo e especializado. As industrias líticas foron o instrumental dominante nas comunidades humanas (descoñecemos por falta de restos a importancia que puidera ter o traballo en madeira) dende hai 2 millóns de anos ata a neolitización, co desenvolvemento da cerámica e logo dos metais, acadando as indistrias líticas gran precisión, especialización e sofisticación no Paleolítico Superior, combinadas coa industria en óso.

Modelar un canto para que funcione mellor á hora de partir ósos para poder obter un aporte nutritivo e proteico que permitiu desenvolver o cerebro humano (á vez que o feito de coordinar os movementos das mans para manipular o canto estimulaba a intelixencia) é un cambio cualitativo quizais non comparábel a ningún outro cambio tecnolóxico da humanidade, pois de aí saíu todo o demais. Ou, mais ben, o cambio cualitativo que se deu no ser humano con respecto a outras especies animais que manipulan obxectos, foi porque a nosa especie e as outras especies humanas predecesoras teñen capacidade de aprender e transmitir coñecementos. É máis: estudos corroboran que “as áreas do cerebro moderno que se empregan cando se fabrica un bifaz coinciden en gran medida coas que se usan ao falar” [MACGREGOR, NEIL (2012): La Historia del Mundo en 100 objetos]. A fala e os obxectos posibilitaron o desevolvemento de comunidades humanas que se expandiron por todo o mundo, adaptándose a diferentes medios ecolóxicos.

Gústanos pensar que a computadora onde escribimos este artigo, o sistema de rede a través do que se transmiten datos a todo o mundo, ou as redes eléctricas que nos permiten “colgar” isto no noso blogue, non terían existido, quizais, sen o elo que sae das primeiras pedras manexadas en África polas nosas máis remotas antepasadas e pola longa aventura da evolución humana e do desenvolvemento da tecnoloxía, onde á lasca do Castelo a situamos nos primeiros estadios desta enorme historia.

A lasca do Castelo está nunha casa particular dun membro da Asociación O Colado do Vento e doarémola con gran ledicia a un museo arqueolóxico que, agardemos, máis cedo que tarde, se estabeleza na comarca de Lemos.

* Outros achados paleolíticos en Sober
Bifaz atopado en Lobios (foto: La Voz de Galicia).
– mediados do século XX: achado dun bifaz de cuarcita en Vilaescura.

[- 2006: lasca do Castelo en Neiras.]

– 2006-2007: prospeccións do equipo de Arturo de Lombera en Sober: útiles paleolíticos en distintos xacementos, entre os que destaca As Gandariñas de Arriba, na parroquia de Neiras, no mesmo entorno que a lasca atopada.

– achádego fortuíto dun bifaz achelense na parroquia de Lobios, no camiño entre o lugar de Lobios e o de Viladime, no curso dunha xornada de sendeirismo que a Asociación Micolóxica Os Lactouros realizara no ano 2008 en colaboración co Colado do Vento.
* Texto elaborado por Paula Vázquez Verao, xaneiro de 2014.

Crema de alcachofas

Enviada por Teresa Grau.
Ingredientes:
Con 4 ou 5 alcachofas é suficiente. 
Unha cebola ou un puerro.
4 patacas.
Aceite de oliva.
Elaboración:
Póchase a cebola ou o puerro, e logo engádenselle as alcachofas partidas á metade (esas metades teranse frotado previamente con limón para que non escurezan). Engádense as patatas e agua.
Se vos senta ben o leite, ponse leite ao remate para engadir auga antes de batilo; ou ben engadir nata, que suavizará a crema e lle dará un punto cremoso. 
Salpiméntase antes de pasalo pola batidora. Se non é a súper Termomix, vólvese pasar polo pasapurés, por causa fos fíos das alcachofas.

Historia de Lemos a través das cousas

Esta é unha historia contada a través das cousas, dos obxectos que usamos nalgún momento da nosa historia como ser humano para determinada finalidade.
A través de cada peza – a modo de museo virtual – irémosvos contando a historia do país lemavo, como ben poidamos, nun proceso que queremos que sexa participativo: que nos aportedes o que vos conta cada obxecto, facendo un relato cada vez máis rico.
Un xerro de Gundivós pode falarnos da cultura do viño, da historia da olería tradicional, da economía labrega… 
Animádevos a participar!
Preme aquí para ler e mirar a(s) historia(s) que nos contan as cousas.